sábado, 18 de junio de 2011

Encrucijada.

Tal vez ya era la hora adecuada de regresar hacía las raices, a los caminos de lo que uno fue, y a la encrucijada vacía de "lo que uno pudo ser"...

Pequeñas y grandes mentiras decoran nuestra existencía, la justifican. Y torpemente nos desenvolvemos, nos abrimos a lo que pueda venir, sobrevivimos.

Afuera, en el patio, algo se mueve; me niego a creer que solo sea el viento. A menos que el viento sea un ente consciente y vivo que juega a complementarse con nuestros estados de animo como juega con nuestro cabello. Solo que el viento se disfraza de vez en cuando de ser humano y anda rondando por ahí, y se va de cotorreo en las noches y ríe estentóreamente.
-Y se fuma el humo de mota que dejamos en el aire-.

El cambio es brisa. A veces es posible percibirlo.


La hora en que esta a punto de amanecer es la más fría, y por lo tanto una de las más significativas. Se abre, tal vez, el velo entre lo vivo y lo muerto.

Esperando un cambio, para ir hacía algún lugar.

"Crossroads", que rocker.

lunes, 30 de mayo de 2011

No Santa Claus in this Town.

Es interesante recapitular, intentar ver en donde es que comienzan a desmoronarse las cosas. Aunque, en perspectiva -de-"ojo de águila" el fenómeno si parecía ser algo cíclico: todo se desgaja y se reconstruye-una y otra vez, con resultados similares, tal como creían los antiguos-.

Por otro lado, nadie me puede acusar de no aprovechar mis horas al máximo.

Que las cosas no iban muy bien en lo académico era un hecho. Pero no todo debían ser sistemas escolarizados y colegiaturas.
La escuelita ya me estaba empezando a fastidiar. Las exigencias cada vez eran mayores y las expectativas de mis padres también, como si al salir de la universidad ya fuera a tener todo resuelto. Éxito instantáneo, al estilo de los anuncios de la tele. Había compañeros mios que asi lo creían, o les convenía creerlo. Muchos actuaban y se pavoneaban como si ya ejercieran la carrera desde hacía años y la escuela fuera tan solo un engorroso tramite. Yo no era tan iluso en ese sentido.
Recordando, nunca había creido en nada con facilidad. Cuando niño descubrí que mis padres eran Santa Claus, y cuando les pregunté directamente me lo confirmaron. No hay ilusión por aquí. Aquí no hay gordo que -valga-venga una vez al año. De cualquier forma siempre había tenido mis dudas respecto al tal "Santa", ¿un empresario extranjero obeso repartiendo juguetes por el mundo?, ¿venía desde el Polo Norte a México? Había algo que no encajaba; además aquí no teníamos chimenea. Podía imaginar que era etéreo, pero no...no funcionaba así. En cuanto a la religión, mi padre era medio ateillo y pues esto saboteó de alguna forma los esfuerzos de mi madre por enseñarme el dogma y la fe católica. Lo intentaron al menos.

No me había sentido afiliado a algo realmente, ahora menos lo iba a hacer con esta institución que sabía dorar la píldora muy bien, como lo es la llamada educación superior.

Tal vez toda la raíz de este no embonar, de esta falta de fe en instituciones sociales, se deba a que dichas estructuras siempre fallaban-seguros médicos, sindicatos, escuelas, impartición de justicía, partidos políticos, etc.-, y mis padres hacían incapíe en mostrarme los aspectos que no eran fiables de estos sistemas. Nunca faltaba el comentarío mordaz de mi padre después de leer el períodico, o las quejas de mi madre al ver las noticias en televisión, y el empeño de ambos en que yo "abriera los ojos"; tuvieron esa deferencia conmigo. Querían que fuera una especie de ciudadano responsable que pudiera cuestionar y escoger. ¿Fueron estas buenas bases en la crianza de alguíen? Eso ya no lo se.

En muchos de los grupos sociales fuera de la escuela no duré demasiado-alguna temporada de futbol, alguna excursión al lado de los boyscouts-. Siempre siendo un "Lobato"que no se desenvolvía al cien en el grupo. Ese era yo, un lobesno "estepario"-por que leía mucho a Herman Hesse-. Mas apegado a su familia que a otro núcleo social: mis tíos y luego mis primos eran como mis hermanos mayores y/o menores. Los pocos amigos que tenía no compartían mi afición por el rock, no sabían de que les hablaba cuando mencionaba a Ozzy Osbourne; y una vez que les puse a un par de amigos música de Led Zeppelin uno de ellos dijo que-Robert Plant- sonaba como un maricón quejandose; es más, creo que se cepillaron de un jalón a todo Zeppelin con un : "pinches gueyes tan putos" ..."suenan putos"-pido perdón a los rockeros, pero tenía que recordar esto, son de esas cosas que terminan marcando una distancia entre tu, tu música y la sociedad-. Poco después de aficionarme a tocar la guitarra conocí a estos compas, Augusto y Efraín.

Los tres terminamos tocando en bandas con los compañeritos escolares, los tres -paralelamente- manteniamos nuestros respectivos grupos y cada uno estaba muy comprometido en su proyecto. Y nuestro mundo se vistió de Rock & Roll, de ensayos, de instrumentos, de equipo barato, de tocaditas en fiestas.
En los ensayos con el grupo todo cambiaba, todo era solidaridad y camaradería en el nombre del Rock. Las horas pasaban rapidamente y no parabamos de tocar. Cualquiera diría que perdiamos nuestro tiempo. Nada mas lejos de la verdad, ese era el "tiempo" realmente aprovechado. Los ensayos eran como mi oasis, mi verdadera zona de confort. Todo lo demás era un poco absurdo y medio hipocrita.

jueves, 24 de marzo de 2011

Timador sagrado.

Al principió, no creí que faltar a algunas clases perjudicaría mis calificaciones; digo, yo entregaba todos los trabajos y tareas puntualmente, me desvelaba por horas para acabar los planos y diseños-estudiaba arquitectura-. Ese esfuerzo es lo que se debía tomar en cuenta, no mis faltas a determinadas clases -que por otro lado, no eran tan esenciales-.

Lo cierto es que me confié; creí que mis buenas calificaciones, mi empeño reconocido, y mi afable relación con la mayoría de los maestros me salvarían de cualquier eventualidad. Ahora trabajaba a marchas forzadas para completar asignaturas pendientes. Ver mis calificaciones era casi surrealista, se pasaba de los nueves y fracción, o dieces plenos, a grises sietes, y hasta a la frustración de materias reprobadas. Esto no lo podían ver mis padres; máxime que, gracias a las dichosas buenas calificaciones recién me habían obsequiado un flamante y apantallador auto. Mi estatus ahora había cambiado gracias a este vehículo: todos me invitaban a sus fiestas para que llevara gente hasta a los rincones más apartados de la ciudad; y a pesar de que "todos" sabían de mi relación con Ofelía magnéticamente tenía ahora más amigas, habidas de un buen chofer con un buen carro. Las casetas de cobro bordeando la ciudad eran el limite.

Hablé con el rector de la facultad; se mostró preocupado.
-"¿Que te ha pasado?"
-"No lo se..."
"Problemas familiares" me hubiese gustado decirle. Que yo-pobre víctima ante las circunstancias- estaba inundado de de diversas e innominables crisis familiares. Como le pasaba a muchos de mis compañeros: ¿todos tenemos problemas familiares, no?

Pero la realidad era que en esos momentos me encontraba perfectamente en cuanto a dichas relaciones. ¿Que podía inventarle a la máxima autoridad de mi plantel? Si mis padres me tenían en una situación privilegiada, puesto que mis estudios iban muy bien-hasta entonces-; incluso me permitían trabajar realizando encuestas telefónicas en una compañía de Telemarketing de vez en cuando, a pesar de que económicamente me apoyaban en todo. Ni modo de decirle que todos los días me trataban como al hijo prodigo, el arquitecto que continuaría con la tradición familiar de esa noble carrera. Que mis padres, solícitos, me proporcionaban lo que hiciera falta para que el "estudiante de oro" siguiera en su empeño sin limitantes. El parásito de oro, el timador sagrado, debería decir.

lunes, 14 de marzo de 2011

El boulevard de los sueños rotos siempre se ve a la vuelta de la esquina.

Efraín y Augusto eran mis amigos más cercanos desde la etapa de la -escuela-secundaría. Efraín se dedicaba ahora enteramente a la música, tenía su propia banda y sonaban bastante bien; mientras que Augusto estudiaba Derecho. Cualquiera diría que eramos los polos más opuestos, pero ese "cualquiera" no sabía una mierda: los tres eramos bastante afines; sobre todo en cuanto a gustos musicales. Alucinábamos por la música, por el -casi siempre- confiable Rock n´ Roll.
Yo, adoctrinado desde la infancia en este arte, a base de discos de acetato y cassettes;Augusto, con un excepcional talento para la música, pero que prefirió ser abogado; y Efraín-"el huevas"- un músico competente haciendo la lucha con su propio proyecto. Three amigouus, todos para el Rock.

Siempre habíamos querido formar una banda los tres juntos, pero no pasó de algún cotorreo o uno que otro palomazo. Ellos dos tocaban mucho mejor que yo; yo apenas sabía algunas cosas en la guitarra y nunca me esforcé realmente en dominar dicho instrumento como lo hacían estos dos. Después elegí tocar el teclado; e iba mas o menos bien, hasta que la escuela y el cotorreo terminaron absorbiendo más de mi tiempo. Al final el teclado quedó como un gran acumulador de polvo; y terminé prestándole mi amplificador a la banda de Efraín. Parecía que mis sueños de ser un rockstar habían terminado; y tal como lo hizo Augusto, debía abocarme a mi carrera, y seguir escuchando música como un poseso, sin necesariamente ejecutarla.

El boulevard de los sueños rotos siempre se ve a la vuelta de la esquina, aunque no busques esa calle en particular; es como esa pesadilla donde das vueltas en un lugar desconocido y desconcertante...pero que a la vez-contradictoriamente- resulta familiar.

martes, 1 de marzo de 2011

-Vamos- A la escuela.

Comencé a faltar a clases para poder ver a Ofelia; pasar más "tiempo de calidad" juntos. A ella le entusiasmó la idea de ausentarse de la escuela durante algunos días específicos; ya estábamos, cada uno por su parte, bastante saturados de clases, temas, trabajos, estudios y estrés.

Yo solo tenía que esperar frente a la puerta de la universidad a que su papá, siempre puntual, la depositara ahí en las mañanas, confiado en que su nenita aprovechaba al máximo ese carisimo colegio. Ofelia entonces, a esas horas de la mañana, tenía olor a flores, a durazno: a champú y cabello húmedo.

La ciudad era nuestra por las siguientes seis horas: los cafés recién abiertos siendo acondicionados y aseados casi exclusivamente para nosotros, los parques semi vacios con uno que otro anciano tomando el sol, al igual que las funciones de cine con las salas sin gente; entonces las habitaciones de hotel con esa luz matutina eran nuestro escenario.

Y después, con el vigor y eficiencia de quién se esta saliendo con la suya, puntualmente regresábamos a la universidad -la de ella-, y ahí la dejaba; la veía alejarse con cautela para abordar el coche de papi.

Era tan fácil para Ofelía aparentar frente a sus padres, tan fácil la maniobra de saltarse las clases y utilizar la escuela de excusa-por un tiempo-, y tan conveniente para mi permanecer en la clandestinidad indefinidamente, que ponerme nervioso era un plus siquiera para sentir algo de rigor. Y después vivir al máximo esa ansiedad que causaba el anhelo de querer verla al otro día, y repetir el numerito, "darnos" otra mañana para nosotros-sin escuela, solo "la vida"-, de poder acariciarla y de reposar juntos en las camas de esos hoteles impersonales, de hablar durante horas en los cafés.

Se puede decir que me transformé en un romántico, para eso era la "bonita época universitaria" también, ¿no? Yo no lo inventé.

lunes, 20 de diciembre de 2010

5.
Les costó algo de trabajo llegar al rancho; cada vez que se detenían a preguntar las personas les daban indicaciones contradictorias. Raúl comenzaba a dudar acerca de si habría sido lógico ir en la búsqueda de quién se suponía sería el vocalista ideal para su banda de rock, justo en el lugar más disímbolo: un rancho ganadero. Lo acompañaba Pepe Rock, el que más se había empeñado en esta búsqueda;"Scooby" y "el oso" alegaron compromisos previos.
Un señor que cargaba madera sobre su curveada espalda por fin les dio las señales correctas para llegar. El verdadero problema de dar con el lugar se debía a que el rancho era muy pequeño comparado con los ranchos vecinos. Este se encontraba casi escondido. El camino era sinuoso y accidentado, ahora Raúl se arrepentía de haber traído la camioneta de la empresa; la lavada iba a estar canija. ¿Que extraña necesidad era aquella? La de juntar seres ajenos entre si, solo unidos por su pasión a la música; de ir contra corriente, de dejar de lado todo lo demás por las ansias casi irrefrenables de crear música. Que pinche sueño tan guajiro jugar al rockstar en medio de pueblitos y de ciudades donde definitivamente no existía la infraestructura recesaría para ello. Para Raúl y sus amigos era una misión más que divina; una locura loable. Si existía un dios del rock-o dioses- este debería estar complacido con sus esfuerzos. Al final, pensaban, definitivamente valía la pena. Tocar en los escenarios, sin importar los incidentes y el mal sonido de los lugares acondicionados-mas bien improvisados- para las tocadas; valía la pena cuando la gente reconocía que enfrente tenía a unos buenos "hacedores" de música, y estos se entregaban al ritual de un concierto en vivo. Valía la pena cuando hacías la música que te llenaba; aunque pocos la entendieran, y las trampas y los obstáculos fueran muchos.

Con suerte, encontraron a Carlos Prieto justó cuando este salía de las puertas del ranchillo. Este reconoció a Pepe Rock, y comprendió un poco el por que venían a buscarlo.

-"Ya me iba al pueblo, de compras; pero pus pasenle".

Adentro de la pequeña cabaña no había ningún indicio de que algún aficionado al rock habitara el lugar.
El mismo Carlos les explicó, sin muchos preámbulos, que se sentía decepcionado de sus experiencias dentro de la música; pero que su principal frustración era no haber podido acabar la carrera universitaria en un tecnológico de Texas.

-Me ganó la fiesta; alla con los gringos. Luego también estuve con unos vatos en su banda de rock;en algunas ciudades de Texas hay muy buen nivel musical. Y ahí valió madre todo; valió madre el college. Me pasé a la música de lleno. Tocábamos en bares, en teatros abriéndole a otras bandas, en ferias; pero pues las tocadas eran esporádicas y allá necesitas a fuerzas la dolariza para vivir el día a día. Terminé trabajando en un rastro; imagínate, mis papás pensando que estaba de estudiante, y yo allá partiéndome el lomo en un pinche rastro gringo, como vil mojado. Pero me harté del trabajo y decidí regresar para aca; ahora veo que fue un error. Por que me involucré con mi ahora esposa, y pues me embarqué- Carlos estalló en carcajadas-. Tenemos una niña; y mi suegro me dio trabajo acá en su rancho.

-¿Y no has pensado en regresar a cantar?-inquirió sin rodeos Pepe Rock-
-Lo veo difícil; empezar otra vez de cero. Ahorita lo que necesito es lana. Un trabajo seguro. Por el bien de mi familia. Lo de la cantada pus ya tuvo su tiempo; y pues no funcionó.
-Tienes que escucharnos, tenemos un buen nivel-sugirió Pepe-. No puedes desperdiciar tu potencial, aquí en entre vacas.
-No creas; ya hasta lo disfruto-Carlos volvió a reír con risotadas llenas de vitalidad-; para que me hago tonto, este es mi destino.
-No hombre; ven y escuchanos, y tu se el juez. Ahora si que decide una vez que nos escuches y tu veas que esta onda si vale la pena.
-Lo veo difícil.
-¿No dices que este rancho es de tu suegro?, pidele chance, dile que estas viendo algún asunto; o lo de tus estudios.

Carlos solo reía; pero esa parecía ser una especie de señal de que consideraba las posibilidades.

-Si no, solo haznos el paro con las primeras tocadas-propuso Raúl; un poco fastidiado del ambiente y el olor a rancho-.
-OK,¿cuando ensayan?
-Pues venté con nosotros, dices que fuiste a comprar algo a la ciudad, y nos escuchas.
-Bueno. Vamos pues.

Carlos se subió a la camioneta; y durante el trayecto les narró algunas de sus pintorescas aventuras en el otro lado. También descubrieron que tenían muchos gustos musicales en común. Raúl seguía contemplando impotente como la camioneta se llenaba de lodo y los amortiguadores daban todo de si entre esos caminos. Con todo y esa preocupación, seguía muy atento las indicaciones de Carlos para salir de ese laberinto de rancherías y caminos de terracería.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La guitarra estaba en su estuche, y Raúl no se cansaba de abrirlo y admirar el acabado caoba del instrumento, su brillante maquinaria, la firma de el señor Les Paul coronando la obra; sencillamente no podía creer que el objeto tan anhelado estuviera físicamente presente, en sus manos. La carretera ahora resultaba tediosa, exasperante, pues no veía la hora de llegar a casa y tocar el instrumento, sacarle notas hasta cansarse. La guitarra efectivamente era "preciosa", como la había descrito Genaro; y más increíble aún, esta si estaba aguardando en la casi idílica pawn shop tal cual -Genaro- lo describió. El viaje había valido la pena; la misión se había cumplido.

En el camino de regreso discutían acerca de instrumentos, de marcas, de los nuevos discos que pudieron conseguir de paso y que degustarían como golosinas.

Raúl se daba cuenta de que ya existía una fuerte unión entre el y esos personajes que lo acompañaban; que eran ya una banda. Genaro, el "Scooby", el baterista prototipico algo ingenuo pero sensible, sociable, de risa fácil, siempre con sus guasas y sus payasadas casi infantiles que contrastaban con la violencia y sobriedad con la que aporreaba sus tambores; y Pepe Rock, consagrado a la música por completo, el tipo sudaba y cagaba rock; desayunaba mortificando a sus permisivos padres con el estruendo de sus albums de AC/DC, Black Sabbath y Van Halen a todo volumen, y se iba a dormir con el sonido de sus discos de Led Zeppelin, Queen y Pink Floyd.

Sin duda era un grupo pintoresco, que podía ser bien encausado; pero había que salir del formato power trio cuanto antes. Se requería de un vocalista a la medida del ímpetu rockero de la banda, un David Lee Roth de petatiux que le imprimiera a la música el sello de que esto iba en serio. Que se trataba de una entidad completa y suficiente.

"El Oso", un compañero de trabajo de Raúl, se haría cargo del bajo. Así que se avocaron a poner anuncios para encontrar a un vocalista no solo en la única casa de música del centro, sino en las dos principales tiendas de discos, y hasta en las puertas de algunas cantinas -¿quien sabe?; igual el vocalista ideal cantaba en un trío norteño-

Durante la siguiente semana se presentaron al anuncio tres personas. Ninguna los logró convencer. Uno parecía "fresa", y otros, en contraste, tenían look de cantantes de conjunto tropical.

Habían tomado la resolución de hablarle al tipo "fresa"-el primero que se había presentado por el puesto-, con la firme intención de montar un set y tocar cuanto antes, pero entonces Pepe Rock recordó a una banda ya extinta cuyo vocalista se caracterizaba por su actitud y su carisma escénico; valdría la pena intentar localizarlo. Después de una cuantas llamadas le indicaron que no se sabia mucho de tal personaje, que se había ido a estudiar a una universidad del otro lado. De todas formas le habló a una amiga que tenía contacto con uno de los ex-integrantes de dicha banda. Este integrante le confirmó a Pepe Rock que el dichoso vocalista había regresado de E.U. sin acabar la escuela; que había embarazado a la hija de un ranchero, y que ahora trabajaba en el rancho de su suegro como capataz. Que no valía la pena buscarlo puesto que se había retirado por completo del rock. Pepe Rock tomó nota de la información, y continuaron buscando vocalista por medio de anuncios; desanimados, finalmente, por la idea de enrolar al "fresa" en la banda; o a cualquiera que no se identificara con la música que tocaban. El desfile de personajes que parecían cantantes de salsa o de música tropical continuó. Hasta que en una tarde de ensayo Pepe Rock propuso:

-Vamos a buscar a este maestro al rancho donde trabaja; estoy seguro que lo convencemos de entrar a la banda, era un tipo muy rockero, no puede conformarse con una vida de trabajo en un vil rancho.