martes, 13 de enero de 2009

Una nueva temporada.

Me cansé de seguirla. ¿Como era posible que una niña fuese más rápida que yo? ¿Es que no era una simple niña normal?; o tal vez lo era. Tal vez todas las niñas de siete años que se llaman Marlene, o Silvia, o Alicia, corrían como el demonio, hacían y deshacían a su antojo casi sin ensuciarse la ropa, se reían a cada segundo a carcajadas, hacían bromas, mascaban chicle, contaban historias descabelladas pero significativas, y se veían frescas y hermosas con sus mechones de cabello enredado sobre la cara; todo justo a tiempo para entrar a casa a las ocho de la noche;los viernes, a las nueve o diez, aprovechando que los adultos estaban ocupados en otras cosas,como embriagarse o coger, supongo, por que incluso ignoraban nuestra urgencia a la hora de querer entrar al baño, o de ir por agua, puesto que no abrían las puertas de las casas en esas horas cruciales. Y nosotros teníamos que acompañarlas un rato más, estar más tiempo afuera; no era difícil, nos encantaban las banquetas y la brisa nocturna; era mejor que los gritos y reproches de los padres.

Nosotros, como siempre, nos las arreglábamos. Las niñas del grupo eran cosa aparte, aunque formaban junto con nosotros una comunidad unida. La Alicias, las Alines, las Stephanies, todas brillaban y exudaban energía; todas guiaban a sus respectivos clanes; vestían ropa combinada. Las más “machorras” usaban siempre la misma mezclilla. Lo cierto es que las chicas parecían un poco más organizadas que nosotros los niños. Empezando por que nuestro grupo, nuestra tribu, era lamentable: niños gordos en su mayoría, dientes chuecos, ropa grande y pasada de moda-de nuestros hermanos mayores-, rodillas siempre sucias y lastimadas, nula capacidad para los deportes...en fin ¿tengo que seguir? Podemos culpar a nuestros padres por estar demasiado ocupados en el trabajo fabricando dinero, como para tener tiempo para enseñarnos las reglas y las técnicas más básicas del algún deporte; o podemos culpar a nuestras madres que nos sobreprotegían, nos sobrealimentaban, y nos dejaban ver televisión todo el tiempo que quisiéramos, y jugar algo de video-juegos.

Otra cosa que hacia de estas chicas las "lideresas" de los clanes -grupitos de niños de edades similares-, es que ellas tenían hermanos, hermanas, y padres que se preocupaban por sus "adorables" personas, toda una familia que las procuraban y protegían. Nadie se metía con ellas -por que eran niñas-, y siempre tenían dinero en sus bolsitas de Hello Kitty. Por nuestra parte -los niños de la cuadra- dábamos pena. Vivíamos amenazados por los chicos mayores cuya única preocupación era fastidiar a los más débiles y menos organizados. Asustados,pero con ganas de divertirnos, casi siempre rondábamos el vecindario a todas horas, por que nuestros padres no nos soportaban mucho tiempo dentro de la casa -decían que solo veíamos televisión y jugábamos video juegos-. Comíamos lo que podíamos por ahí, rara vez teníamos una moneda en el bolsillo, no dábamos un carajo por nada, y al contrario de ellas, odiábamos la escuela.

Y ahora esta niña me rebasaba, recorriendo el parque como el viento que levanta las hojas muertas; y me dejaba ver su espalda, su delgadez, lo liviana que era. Algo me dolió al costado, ya había sentido ese dolor punzante antes, cuando en la escuela nos obligaban a dar vueltas a una cancha de basket-ball que nunca utilizábamos para jugar basket-ball. Era un dolor que te obligaba a detenerte, pues crees que de ignorarlo algo estallara en tu interior. Cansado, decidí que lo mejor era sentarme; estaba mareado. Tumbado en el suelo, me vi las piernas; eran algo gordas. El short que tenía puesto no podía contener más mi carne. En ese momento juré que dejaría de ser un gordo; me jure a mi mismo que jamas volvería a sentirme así: agotado, rechoncho, sin amor propio.

Marlene o Aline, o como se llamara, se acercó a burlarse un poco de mi. Algo notó en mi rostro que la hizo dejar las burlas de lado. Se sentó junto conmigo; y quién sabe como, logró que le contara mis pesares de niño de ocho años. La edad contaba mucho en esa época. Un año de diferencia era demasiado para cualquiera. A los ojos de los demás, no era bueno que mi nueva mejor amiga fuera menor que yo; pero no nos importaba. Casi nos gustaba lo mismo -eso creíamos-. Juntos formamos nuestro propio clan; el más avanzado, el que se quedaba hasta las once de la noche por que nuestros respectivos padres no se preocupaban tanto por sus hijos, como el resto de los obsesionados y neuróticos padres; alguna madre vecina salía a gritar que nos metiéramos a casa, y cuando se volvían insoportables sus gritos, lo hacíamos. Pero esas horas extras eran nuestras. La noche era nuestra. Para llenarnos de refrescos y papitas -con dinero tomado a hurtadillas del monedero de nuestras madres-, para inventar nuevos juegos, para contar historias de fantasmas, de ovnis, de monstruos desconocidos, pero indudablemente existentes -por que nuestros padres (algo paranoicos) nos respondía que era muy probable que los extraterrestres o pie grande existieran, al contrario del "Coco". No me estoy quejando; agradezco por los padres despreocupados y desobligados que teníamos-.

Por supuesto que gracias a este detalle, al pasar el tiempo,nosotros éramos los que primero se colaban a las fiestas, robaban en las tiendas, tenían noviecillas, y asolaban el vecindario. Era una nueva temporada, tiempo de la revancha. Los últimos siempre serán los primeros.

lunes, 12 de enero de 2009

Ya nadie me miente ahora.

No me reconozco, ¿ese era yo? Caminaba de manera curiosa, siempre con prisa, no se de que. ¿Son esas mis manos, mis uñas? Ya, ya veo más claro. Definitivamente soy yo; a pesar de todo hay una marca, un sello inconfundible. Masa moldeable, carne fresca, energía siempre a punto de ebullición. ¿Que me hicieron? ¿Por que siempre que estuve a punto de lograr un cambio significativo en mi, solo daba vueltas y quedaba casi igual, confundido y a la intemperie? Tenía esperanzas y fuerza, ¿que me detuvo? ¿Quién cambio mis sueños y los transformó en un vulgar cliché? ¿Quién, o que, me hizo dar tantas vueltas hasta cansarme?

¿Por que todo lo que podía ser empatía terminó transformándose en odio?

¿Quien es el alquimista satánico-debería haber un luchador con ese nombre- que transforma todo aquello que es digno, en mierda?

Ya no hay mentiras. Ya nadie me miente ahora.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Ser.

Nací siendo "alguien",de eso estoy seguro; después, con el tiempo -firmemente, diligentemente-, me recomendaron que tipo de persona debía ser. Casi desde el principio, me dijeron que si seguía determinadas reglas, sería "alguien mejor"; alguien mas valido. Para no contradecir a todos -puesto que es una actividad agotadora-, opté por seleccionar alguna de estas conductas que se me sugerían; pero en el fondo ardía por hacer lo que me daba la gana. Supongo que es aquello que llaman “amor por la libertad”. Escondido, a hurtadillas, cuando nadie podía verme hacía lo que quería. Era "yo".
Eso lo hice de niño y de adolescente. Después, por miedo, supongo -miedo a perderlo todo-, opté por dejar de actuar de forma tan impulsiva. Me fui controlando. Me importaba más agradar. Agradar a las novias, a mis amigos, a mis padres, a mis superiores, a los que me rodeaban. Agradar a los que me interesaban; a aquellos que podían ofrecerme algo.

Mientras seguía con los estándares -y alimentado por el vigor de la juventud-, todo se veía brillante, ligero. Bendita ignorancia. Pero luego, al darme cuenta que el mundo era más cruento e injusto de lo que pensaba, me tomaba mucho más tiempo y más esfuerzo salvar mi pellejo, ya no podía detenerme a reflexionar acerca de tal o cual situación. A golpes, después de varías acciones gandallas en mi contra,se puede decir que me volví un poco mas despiadado: “a que lloren en su casa, a que lloren en la mía” era mi lema. Me transformaba en humanista solo frente a la gente que me interesaba. Yo no podía cambiar el mundo; solo podía leer cosas utópicas y repetirlas cuando estaba borracho, emotivo, o quería impresionar. Y los demás comprendían bien esta situación.

Siempre y cuando pasara la mayor parte del tiempo en la escuela y en el trabajo nadie se metía conmigo. Parecía un buen trato. Zanahoria y garrote. Por mi estaba bien, si podía recoger manzanas tiradas en el camino, y dar garrotazos alegremente yo también, cuando se presentaba la oportunidad.

Pensaba que combinando las cosas que aprendía en la escuela, junto con las cosas que iba aprendiendo en el trabajo, en unos años sería un ser completo. Tan completo que tendría casa y dinero. Y por lo tanto tendría sexo mucho más seguido; y luego el resultado obvio de tanta lujuria: hijos, seres que por fin justificarían mi existencia, hijos para que nadie más me molestara-ni la policía, ni mis superiores, ni mis familiares, ni mi mujer, bueno, tal vez ella si-; hijos para poder llevarlos a las reuniones familiares los domingos o sábados, y que todos vieran que yo era un ser tan completo como ellos, tan valido e independiente como el que más. Pero alguien tenía que arruinar mis planes, alguien que me conocía muy a fondo, un tipo que me cuestionaba y me juzgaba con una autoridad dictatorial: yo. Yo mero.

martes, 9 de diciembre de 2008

Purgatorio a la medianoche.


Los recuerdos me abruman, soy solo una fuente de recuerdos. Esto es como el purgatorio; un purgatorio a la medianoche -o al medio día, no estoy seguro-.

La memoria me acosa con sus imágenes casi tangibles: personas, momentos, historías -mi historia-. Veinticuatro años. ¿Bien vividos?, eso es muy subjetivo; vividos y ya.

El arte de la vida: puedes ver el sufrimiento, y como huías de el; o puedes ver los momentos intensos y de cierto gozo; o puedes intentar verlo todo -no es tan fácil, creánme-, de cualquier forma son espejos que están ya muy lejanos.

Flotas, botas, caes en los instantes pasados.

Estoy embargado, subyugado por los recuerdos que no me abandonan ahora, que se vienen conmigo, por un ratito más. Infectado por imágenes que vuelvo a vivir. Suspendido -agarrado de no se que hilo del destino-. Pero es solo una etapa, tan corta como la vida -o tan extensa si lo ven de forma relativa-.

Como digo, es el pinche purgatorio, extenso y oscuro como una caverna, iluminado de rojo, y verde-a veces azul o morado-.

Pero organicemos esto un poco. Por el placer o la costumbre de organizar, de distribuir -cortar y ordenar-.

¿Como podrían ordenarse los recuerdos?

Lo intentare de la mejor forma que pueda, no garantizo algo cronológico. Son espasmos en el tiempo, momentos selectos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ana.

Le hablé a Ana, para reconciliarnos, para pedirle disculpas. Tenía que vencer esa extraña fuerza que es el orgullo; fuerza que nos hace la vida un poco mas complicada de lo que ya es.
Ana no merecía el terrible desprecio con el que la traté -por que Ana era un ser muy especial-. Era difícil decirle no a esa chica, y yo lo hice, supuestamente por amistad; la amistad que yo tenía con su entonces novio Efraín. La realidad era que yo confundía amor con desprecio. ¿No les ha pasado? Es como el niño que hace berrinche aunque obtenga el objeto deseado, solo por crear tensión y melodrama. Para advertir que con el no se juega. Pensé que era lo correcto. Si Ana me ignoraba olímpicamente cuando recién la conocí, ahora era mi turno de pagarle con la misma moneda cuando ella me dijo que sentía algo por mi. Dulce venganza, dulce decadencia.

En estos momentos-o etapa- me encontraba solo-mas solo que nunca, yo y el universo, con su eterna energía-. "Yo" –es decir mis pensamientos y mis recuerdos-. No podía hacer otra cosa más que reflexionar sobre los pasos dados en el pasado. Es lo único que podía hacer; por ahora.

Ana podía haber significado algo en mi vida, ambos teníamos ese sentimiento respectivamente. Nos entregamos. y nos importaron poco las personas que se podían sentir afectadas. Ahora no tiene mayor importancia; era tan solo una mas de las decisiones que nos conducen por las diversas vías que hay en la vida. La conocí, me conoció, nos reconocimos y nos dimos la mano; hablamos y nos amamos unos instantes, con eso bastaba.

Lo más probable es que en el momento de fusionar nuestras pieles y sentir ese choque eléctrico que acontece en el orgasmo. Nos descubrimos cómplices de la locura humana por saciar sus instintos. Nos reconocimos como dos hedonistas que andann por ahí, y un día cruzan sus caminos, y todo puede desencadenarse. Así que lo má sprobale es que nos frenara un miedo reverencial. Como cuando se prueba una droga muy fuerte, y muy seductora. Nadie pareció darse cuenta de lo nuestro. Y terminó de una manera fugaz pero casi violenta en su necia intensidad.

En una ocasión hablamos por teléfono, me saludó en buena onda. Me emocionó escuchar su voz, todo de golpe volvía a tener sentido. No pude explicarle lo que sentía por ella, no hizo falta. Me contó de su nuevo trabajo y de su escuela. De lo maravilloso que era todo para ella. Me contó que fue a ver a Efraín tocar, que se habían separado en buenos términos, que había encontrado a alguien mas, alguien comprensivo. –alguien que no era yo, pensé-.

Ana. ¿Por qué piensa uno siempre en lo que no pudo ser? Que tortura. Bueno, ahora no importa mucho.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Radio.

El radio se escucha raro.

Mas bien: ¿ese es el radio? ¿Que ruidos son esos? ¿que los produce?


¿Por que ya no se escucha ¨Satisfaction¨? Vamos, ¡dale!, ¨I can´t get no...tarara- tara-rara. No satisfaction! No no no. Hey hey hey.

-Pero lo intento-

¿Entonces de donde vienen esas voces, esos murmullos escalofriantes?

Vienen de mi cabeza, eso sería lo mejor. Pensare que es eso... Lo intentare.

En el camino recordaré -como música de fondo en el purgatorio- algunas canciones. Creo que es lo que extrañare del mundo en que vivimos cuando ya no tenga conciencia de este: los hits que la radio escupía. Y me refiero a los verdaderos hits, a la verdadera música que se pegaba como la mugre y el polvo al sudor del cuerpo.

No todo es en vano. Me reconforta pensar en ello en medio de la oscuridad, el frío , y ese ruido, ese zumbido que parece provenir de una nave espacial extraterrestre.

¨Oh no. It´s Only Rock and Roll¨ -Pero me gusta.

jueves, 20 de noviembre de 2008

¿Quién diria?

¿Quién diría? Ahora yo tengo mis propio conceptos del Arte de la Muerte y del Arte de la Vida.

¿Será una tarea?

¿Debí escribir en una hoja -que después se tornará amarillenta y quebradiza- mis reflexiones al respecto?

Creo que lo hice.

De cualquier forma existen muchos caminos para hacer llegar un mensaje, un saludito, un beso, un guiño.

El arte de la vida esta en vivirla. Punto. A cada quién le toca su cachito. ¿No dice nada? ¿Suena obvio? ¿Estúpido? Piensen dos veces. Créanme que lo digo por algo.

Pero los comprendo. Comprendo las dudas. Tomando en cuenta como vivimos.Y como vamos por la vida desilucionándonos cada vez mas del mundo de la gente, de los humanos y sus sociedades. Perdiendo y gastándonos. Aprendemos que se esta solo en los momentos más importantes, los mas cruciales. Y un día (cualquier día es bueno) nos vamos del mundo conocido.
Sabemos que un día vamos a perder. Que nos dejaran solos, que de hecho alguien empujara los eventos, alguien moverá los putos hilos.
Lo vemos como algo brutal e inminente, no es solo paranoia. Un día caerá el martillo -de los dioses- sobre nosotros. Por eso nos sabemos solos y a nuestra suerte. Que la necedad de creerse especial es una vanidad refleja del ser humano cegado; confiado en la mierda, en polvo; confiados y aferrados tan solo en el polvo de una mierda seca que se hace tierra. Perder o ganar.

Y marcharemos temerosos y fascinados, como cuando nacimos. Por que nos quitaron el boleto que nos daba derecho a este viaje.

Pero intentamos vivir, aunque nuestras acciones nos arrojen casi siempre de cabeza al duro cemento, algo nos mueve. Nos movemos mientras podemos hacerlo. Sabemos que un día perderemos la capacidad de estar aquí físicamente. Que alguien o algo(un bicho en la sangre, un vil matón, un asesino egoísta, desalmado)nos apagaran. Que nos iremos solos -pero que no estaremos solos precisamente, que no hay soledad total-

Y nos vamos, ante la confusión y el pasmo de algunos.