viernes, 26 de noviembre de 2010

La guitarra estaba en su estuche, y Raúl no se cansaba de abrirlo y admirar el acabado caoba del instrumento, su brillante maquinaria, la firma de el señor Les Paul coronando la obra; sencillamente no podía creer que el objeto tan anhelado estuviera físicamente presente, en sus manos. La carretera ahora resultaba tediosa, exasperante, pues no veía la hora de llegar a casa y tocar el instrumento, sacarle notas hasta cansarse. La guitarra efectivamente era "preciosa", como la había descrito Genaro; y más increíble aún, esta si estaba aguardando en la casi idílica pawn shop tal cual -Genaro- lo describió. El viaje había valido la pena; la misión se había cumplido.

En el camino de regreso discutían acerca de instrumentos, de marcas, de los nuevos discos que pudieron conseguir de paso y que degustarían como golosinas.

Raúl se daba cuenta de que ya existía una fuerte unión entre el y esos personajes que lo acompañaban; que eran ya una banda. Genaro, el "Scooby", el baterista prototipico algo ingenuo pero sensible, sociable, de risa fácil, siempre con sus guasas y sus payasadas casi infantiles que contrastaban con la violencia y sobriedad con la que aporreaba sus tambores; y Pepe Rock, consagrado a la música por completo, el tipo sudaba y cagaba rock; desayunaba mortificando a sus permisivos padres con el estruendo de sus albums de AC/DC, Black Sabbath y Van Halen a todo volumen, y se iba a dormir con el sonido de sus discos de Led Zeppelin, Queen y Pink Floyd.

Sin duda era un grupo pintoresco, que podía ser bien encausado; pero había que salir del formato power trio cuanto antes. Se requería de un vocalista a la medida del ímpetu rockero de la banda, un David Lee Roth de petatiux que le imprimiera a la música el sello de que esto iba en serio. Que se trataba de una entidad completa y suficiente.

"El Oso", un compañero de trabajo de Raúl, se haría cargo del bajo. Así que se avocaron a poner anuncios para encontrar a un vocalista no solo en la única casa de música del centro, sino en las dos principales tiendas de discos, y hasta en las puertas de algunas cantinas -¿quien sabe?; igual el vocalista ideal cantaba en un trío norteño-

Durante la siguiente semana se presentaron al anuncio tres personas. Ninguna los logró convencer. Uno parecía "fresa", y otros, en contraste, tenían look de cantantes de conjunto tropical.

Habían tomado la resolución de hablarle al tipo "fresa"-el primero que se había presentado por el puesto-, con la firme intención de montar un set y tocar cuanto antes, pero entonces Pepe Rock recordó a una banda ya extinta cuyo vocalista se caracterizaba por su actitud y su carisma escénico; valdría la pena intentar localizarlo. Después de una cuantas llamadas le indicaron que no se sabia mucho de tal personaje, que se había ido a estudiar a una universidad del otro lado. De todas formas le habló a una amiga que tenía contacto con uno de los ex-integrantes de dicha banda. Este integrante le confirmó a Pepe Rock que el dichoso vocalista había regresado de E.U. sin acabar la escuela; que había embarazado a la hija de un ranchero, y que ahora trabajaba en el rancho de su suegro como capataz. Que no valía la pena buscarlo puesto que se había retirado por completo del rock. Pepe Rock tomó nota de la información, y continuaron buscando vocalista por medio de anuncios; desanimados, finalmente, por la idea de enrolar al "fresa" en la banda; o a cualquiera que no se identificara con la música que tocaban. El desfile de personajes que parecían cantantes de salsa o de música tropical continuó. Hasta que en una tarde de ensayo Pepe Rock propuso:

-Vamos a buscar a este maestro al rancho donde trabaja; estoy seguro que lo convencemos de entrar a la banda, era un tipo muy rockero, no puede conformarse con una vida de trabajo en un vil rancho.

viernes, 19 de noviembre de 2010


4.
Se detuvo, a eso de las cinco de la tarde, a comprar un refresco frío en una pequeña tienda hecha de madera; a pesar de que el sol estaba bajando el clima era bastante bochornoso aún. No tenía prisa,ya había salido del trabajo, y bebía el refresco lentamente sintiendo la frialdad del liquido a través de su garganta, recargado en las tablas que formaban burdamente el puesto, cuidando de no rasgar su camisa con algún clavo saliente o con una astilla. Como una oleada llegó a hasta sus oidos el sonido nítido de una guitarra eléctrica. Percibió que, a pesar de estar algo desafinada, producía el riff de "You Really Got Me" -original de los Kinks, pero tocada al estilo de Van Halen-. Su entusiasmo aumentó al escuchar los inconfundibles sonidos del bombo, la tarola, y los contratiempos de una batería. El sonido era rudimentario pero contundente. Al llegar el momento del consabido solo de Eddie-Van Halen- la guitarra continuó con el riff principal y la canción se detuvo. No hubo solo. Raúl le preguntó al señor que atendía la tienda:

-Disculpe,¿hay alguna banda ensayando por aquí?
-Si. Es mi hijo y sus amigos. -dijo con aire compungido-
-¿Y ensayan todos los días?
-Solo los viernes y los sábados. Mucha gente se queja del ruido.

Con esa información, al otro día-sábado-se dirigió al rededor de las cinco de la tarde a donde estaba la tienda de madera. Al llegar comprobó que había ensayo y que el sonido provenía del interior de una amplia casa justo al lado de la tienda. Tocó el timbre interrumpiendo la música. Tardaron en abrir la puerta, y cuando esta se abrió, le sorprendió la camiseta de Van Halen que portaba la persona dentro de la casa.

-¿Que paso?
-Hola; disculpa que los interrumpa; que chida camiseta por cierto-dijo Raúl un poco para romper el hielo-,el otro día escuché que ensayaban, y pues...
-¿Quieres pasar al ensayo?
-Si claro, gracias.
-¿Como te llamas?
-Raúl Manero.
-Pasale; ¿no eres de por aquí verdad?
-No, soy del DF.
-Chilango-sentenció con una sonrisa maliciosa el tipo de la camiseta de Van Halen-; ¿te late el rock?
-Me encanta.
-¿Te gusta Van Halen?
-Hombre, es una gran banda...
-Yo me llamo José; todos me dicen "el Pepe Rock.

Rápidamente Raúl y Pepe Rock congeniaron. Adentro, en plena sala de la casa se encontraba una batería "Ludwing" color perla, y detrás un individuo sudoroso con el cabello largo y ensortijado. Este se presentó como Genaro.

Raúl los escuchó un rato mientras tocaban, convenciéndose de que sin duda el baterista tenía potencial; y que Pepe Rock, pues... tenía bastante actitud. Repasaron canciones de AC/DC, de Van Halen, de Judas Priest, y unas cuantas de los Beatles. Pepe Rock cantaba algunos de los temas de manera informal; sin tomarse demasiado en serio el papel de vocalista; y sin escucharse lo suficiente, puesto que el pequeño amplificador conectado al micrófono no podía competir con los golpes masivos de la batería. Casi al final del ensayo Pepe Rock le preguntó a Raúl:

-¿Como la ves? ¿Suena bien?
-Bien; suena potente; pero les urge un bajista.
-No hemos encontrado a nadie; nos urge más un vocalista. ¿Tu no cantas?
-No; ni en el baño. Pero toco la guitarra.
-¿Y que tal tocas?
-Pues me defiendo; mira, prestame tu guitarra un ratito.

Pepe Rock cedió su guitarra; Raúl la afinó un poco-de oído-, ajustó los niveles del traqueteado amplificador, y le solicitó a Genaro que tocara "You Really Got Me" nuevamente. Tanto Genaro como Pepe se sorprendían cada vez más conforme Raúl ejecutaba la canción con una técnica impecable y fiel al estilo de Van Halen; al llegar al solo no podían creer los sonidos que emergían del amplificador. Pepe se concentró en el movimiento de los dedos de Raúl sobre el mástil. Los dedos se movían rápidamente acertando cada nota sin un aparente esfuerzo. Poco después del solo,Pepe les gritó y les hizo señas para que se detuvieran.

-¡Que barbaro maestro! Que buen nivel traes. ¿Donde aprendiste a tocar así?
-Fui a la Academia de música; pero la verdad le aprendí más a un maestro particular, sobre todo en el estilo de rock.
-Chavo; mis respetos. ¿Tocas en alguna banda?
-Ahorita no. Dejé a mis dos grupos allá en el DF. Me vine a trabajar aquí.
-¿Quieres tocar con nosotros?
-Si...claro.
-Pues traete tu equipo maestro.
-Esa es la bronca...¿No sabes donde puedo comprar una buena guitarra? Ando buscando una Gibson Les Paul.
-¡Chavo, no pides casi nada!
-Pues solo que sea en el otro lado-recomendó Genaro-

En poco tiempo ya estaban haciendo planes para viajar a Texas; a una pawn shop en Brownsville, donde Genaro aseguraba haber visto una Les Paul "preciosa".

-Pero estaba algo cara, eh.
-He estado ahorrando un poco; yo creo que si la hacemos.
-Ya esta; pues tendría que ser un fin de semana. ¿Tienes coche?
-Es de la empresa.
-Pues nos vamos en el de mi papá-propuso Pepe Rock-.

La leyenda local de los "Black Sheeps" se estaba forjando.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Cuando el veneno comienza a saber dulce, cuando la piel también se oxida y se gasta;
entonces la muerte es lo desconocido que seduce, la tentación y la calma.
Por que el alma es la base de la carne, y es tan fuerte que parece que se escapa a sus anchas.

martes, 9 de noviembre de 2010

3.
Poco a poco, Raúl -"el greñas"; aunque ahora lucia el cabello corto por motivos laborales- pudo conocer el puerto y sus alrededores recorriendo las calles a pie, y posteriormente, en cuanto la empresa le asignó una camioneta pick-up, manejando a toda velocidad para no acalorarse demasiado. En semanas, todos los recovecos de su nuevo lugar de residencia le eran ya familiares. No había mucho que memorizar: el centro y su plaza de armas con algunos edificios influenciados por el art nouveau de fines del siglo XIX;unos cuantos comercios que no ofrecían mucha variedad; el puerto en cuestión y la aduana, cuya extensa pared surcaba el "centro" y lo dividia como una cicatriz, y donde el lado que daba a la calle invitaba a todo tipo de mercancías y placeres; los productos de contrabando, la prostitución, el alcohol, y las drogas, ahí siempre habían sido una industria más. Y, por cuestiones de trabajo, las refinerías, sus tanques y sus mecheros, eran para el su paisaje "natural"; su otra ciudad.

Se acostumbró a los enormes barcos cargueros bajando contenedores día y noche, y al olor penetrante a mar y a mariscos combinado con el olor de los petroquímicos.
Al principió, le fastidiaba ir a la playa, la arena que se metía en todos lados y el mar con residuos de chapopote no le eran tan agradables, además el sol solo le ponía la piel roja e irritada. Aunque rápidamente comprendió que, a determinadas horas, se podían hacer otras actividades en ese lugar. Se sorprendió a si mismo visitando regularmente la playa más popular de la zona para contemplar el mar, acompañado a veces de amigos y amigas, y otras solamente de unas cervezas y un cigarro de marihuana. También supo apreciar otras playas más inaccesibles, lejos de la gente y de las refinerías petroleras con sus inmensos tanques exudando aceite.
Sin aprenderse todos los nombres de las calles, se movía sin dificultad a través de las colonias de clase media aspiracional, que ahora, con el "boom" petrolero -de principios de los años ochentas- parecían prosperar. Tampoco le eran desconocidas las barriadas de clase baja y sus constantes e informales actividades lúdicas; y las "civilizadas" y "agringadas" colonias de clase alta, pretendiendo estar "aparte", aunque en realidad Raúl notaba que era un intento ridículo, pues todas las colonias estaban muy cercanas entre si. Bastaba caminar una cuadra para que el ambiente cambiara de un terregal con niños desnudos jugando y corriendo, y perros con tiña ladrando a todas horas, a avenidas limpias, cubiertas por robustos arboles, con enormes casas de todo estilo, y en las banquetas hidrantes amarillos como si fuera un barrio gringo.

En esas primeras semanas en el puerto Raúl conoció a una chica en una fiesta de compañeros de trabajo. Notó que, al principio, las mujeres del lugar actuaban de forma muy pasiva, y a la expectativa de que el diera el primer paso; pero que después se mostraban bastante seguras y con iniciativa. Le gustaban las chicas de la región: altas, con buenos atributos, y un fuerte acento mezcla entre norteño y gente de costa.

Actuó con cautela, pero luego se dio cuenta que no había necesidad de pretender, aquí las cosas se hacían en caliente, "derechas", por lo menos en cuanto al sexo; y al otro día a fingir que no había pasado nada y seguir con las rutinas provincianas, aunque todo fueran guiños, murmuraciones, complicidades.

La chica se llamaba Karen; presumía que parte de su familia era originaría de Texas, y su dorado cabello revuelto, y su rostro con pecas parecían confirmarlo. De pronto ya eran amantes; salian muy disimuladamente al cine y a tomar un helado o una malteada en la plaza del centro. Notó que había gente que solo iba al cine para disfrutar del aire acondicionado y olvidar un poco el calor; incluso algunos se quedaban dormidos. Muchas parejitas de adolescentes calientes no se interesaban demasiado por las películas. En esas salas pudo ver Tiburón unas tres veces, la cual reestrenaron preparando el terreno para la anunciada versión en tercera dimensión.

La comida en la zona era buena: abundante carne de res, y embutidos de cerdo; excelentes y frescos mariscos; y queso, mucho queso. Era lo que la región producía con orgullo.

Se puede decir que pudo acostumbrarse al lugar muy rápidamente. Se compró un estereo componente japones de lo último en tecnología de esos años, traído por encargo del "otro lado". Valió la pena pagar por esa joya y por sus ocho bocinas cuadrafonicas. Ahora los discos-de vinil- y los cassettes se escuchaban como dios manda.
Y la vida en el puerto lo hacía a uno olvidarse un poco de los planes a futuro; la cosa era vivir el día a día, ir la playa a cotorrear, no deshidratarse, y juntar un dinerito.

domingo, 22 de agosto de 2010

Aquí no había camas cómodas adornadas con florecitas hippies; aquí había muerte, cadáveres descomponiéndose aceleradamente con el calor, la gran bestia re-acomodándose durante la noche.

1.
Se escuchaba el ruido de alguien afilando un cuchillo contra la banqueta-¿como sabía con exactitud que era un cuchillo siendo afilando contra la banqueta?, por que ese sonido es inconfundible. Y ahora lo se, por que los hechos acontecidos posteriormente así lo demostraron-. En esa noche calurosa y callada, solo se escuchaba el pequeño -pero dañino- objeto de metal rozando el pavimento; y se escuchaba tan cercano como si algún enfermo asesino en serie estuviera al lado de la cama dispuesto a degollarte. Era perturbador, pero a la vez casi natural e inherente a la noche de esta pequeña ciudad y puerto. "Donde todos actuaban como locos".-pensó Raúl-.

El acababa de llegar, y estaba poco familiarizado con los ruidos nocturnos del lugar; o más bien no terminaba por acostumbrase al sepulcral silencio de esa ciudad, que en muchos sentidos continuaba con sus actitudes de hipocresía social y de doble moral, aún todavía en pleno año de 1983.Y por lo mismo la localidad presuntamente se “apagaba” por las noches en la mayoría de sus calles; mientras que al otro lado de la ciudad, cerca de la aduana del puerto, todo era fiesta etílica y sexo desbocado. En ese momento, en esa noche en particular, Raúl no imaginaba que a solo unas cuantas cuadras de esa flamante casa -propiedad de su tío-, podría satisfacer sus más locos deseos de joven imberbe, y que al lado del puerto y los alrededores, se ejercía un raudo comerció sexual para todos los bolsillos, y que cualquier, digamos, "necesidad física" estaría colmada, a cambio de unos cuantos y sebosos pesos. Por que así es como se entretenían las personas durante las noches en ese puerto turbio y falso.
El era del D.F., chilango pues, de la Colonia Roma. Ahora dejaba de ser ese individuo privilegiado que estudiaba música en el Conservatorio Nacional, que ligaba nenas sin muchas complicaciones en las tardeadas de las Discos locales, y que incluso comenzaba a ser reconocido por su trío de Jazz, y por su grupo de covers de Rock en inglés –“como debe ser, en inglés”, decía Raúl-. Todo eso se había acabado: sus prometedoras practicas de tenis -¡y la mesa de ping-pong en el patio, carajo!-, adiós a todas las actividades del club deportivo y todas las nenas que iban solo a cotorrear ahí; de hecho “bye, bye” a todas las nenas del "mundo conocido", todas se iban ahora por el caño. Esperarían a que las llamaran un par de semanas, y luego se olvidarían del chavo flaco de cabello largo, que vestía en onda, y que era el guitarrista de dos bandas “buenisimas”. ¿Por que justo en esta etapa se tenía que haber echado un round con su iracundo padre? La verdad es que ya se la tenían sentenciada. –“Los muy culeros. ¡Familía mis huevos!”.

El principio del fin sucedió tras una clásica disputa familiar. El viejo ya no aguantaba tanta ausencia, tantos ensayos, tantas juergas, tanto ron con cola, tanta mota, tanto greñudo merodeando dentro de la casa, tanta "niñita puta y descarriada", tanta vida "disipada", tanta música saliendo del tocadiscos a todas horas, tantas salidas en el coche del “Jr.” Pablito, el vecino. Todo fue una redada; su propia madre lo había vendido: ella se fue de viaje a Estado Unidos, a Californía, prometiendo que le traería una guitarra Gibson Les Paul y algunos discos que solo se conseguían por allá; pero no era ese precisamente el plan, solo era una distracción, para desentenderse del asunto. Lo que pasó es que lo dejó solo con su padre, a su propia suerte. La primera noche que Raúl llegó a casa después de un cotorreo, su padre lo confrontó. Le echó en cara ser un bueno para nada, de desperdiciar su potencial en algo tan insulso y vacuo como la música, en fin, lo que cualquier papá prepotente y adicto al trabajo le diría a su hijo "greñudo" de diecinueve años. Y más en México, donde el Rock y su cultura eran vetados por el gobierno.

En ese entendido, Raúl, "el guero", "el greñas", o el "Quico", era un alienado de la "moderna" sociedad de principios de los años ochenta del D.F., una paría, un musiquete con un estilo de vida promiscuó, condenable a todas luces; era un "Junior" ventajoso y parásito.

Don Félipe, su padre-mi abuelo-, era un duro y seco inmigrante español-de Navarra-, que se proclamaba como arquitecto por que había estudiado la mitad de la carrera en España, y que hizo cierta fortuna en México, de la mano del gobierno de Luis Echeverria, y posteriormente tejiendo alianzas en el sexenio de López Portillo. Un influyentazo pues; pero no era culpa de Raúl que su "jefe" fuera todo aquello que repudiaba, por que “el Raúl” era a todo dar.

En fin, que el viejo aprovechó que la madre de Raúl no estaba (para interceder por el, como siempre), y esta ausencia precipitó los hechos que obligaron al joven Raúl a salir de la casa paterna e ir a trabajar a ese extraño puerto, cuyo nombre y ubicación ya evocaban ciertos peligros exóticos. Era como ir a otro país. -“Esta lejísimos del D.F.”-.
El trabajo presuntamente lo convertiría en un hombre de bien, en una persona decente; aún estaba a buena hora de recomponer su vida y olvidarse de la estúpida idea de dedicarse a la música, de continuar por “el mal camino”. Ningún hijo suyo sería un inútil. Aprendería desde abajo-como sus padres lo hicieron al llegar a México; como el lo hizo... Trabajaría en Pemex, recomendado por su hermano, el tío Aquiles.

Sin más remedio Raúl aceptó su nueva suerte. Estaba dispuesto a demostrarle a su padre que nada doblegaría su espíritu, ese espíritu del que hablaban autores como Herman Hesse, Nietzche, Gibran Khalil, o Lonsbang Rampa y Carlos Castañeda-


2.
Llegó al puerto sudando- el aire acondicionado del autobús era solo una broma de mal gusto-, cargando su pesada maleta y su guitarra acústica dentro de un duro estuche - ya traería la guitarra eléctrica en otro viaje posterior-, confrontando el sol, y canturreando “Immigrant Song” de Led Zeppelin con su mejor imitación de Robert Plant, esperando que, si evocaba el frío de las tierras nórdicas, se olvidaría un poco del calor de la costa del Golfo mexicano.
-¿Taxi joven?
Estaba seguro que llegaría a casa de sus tíos tras recorrer unas cuantas cuadras, ¿para que necesitaría un taxi en este lugar donde todo esta relativamente cerca? Casi un pueblo bicicletero, pues.
A la cuarta cuadra se arrepintió de su decisión. Vio su cabello largo bambolearse frente a su rostro mientras caminaba, volviéndose tan solo un objeto sofocante. Luego vio como en el suelo caían gotas de sudor desde su frente, el apretado pantalón de mezclilla deslavada se sentía como una trampa: estorboso, burdo; la chamarra negra de "members only", que había sido tan útil al salir del D.F. y durante una fría noche en carretera, ahora era ridícula a pesar de estar arremangada.
"¿Tendré que usar ahora camisas hawainas a la Magnum P.I."?
-dijo casi en voz alta.
La gente lo volteaba a ver como si vieran a un marciano lleno de maletas. Unas niñas de secundaría se rieron de el, por lo extraño y fatigado que lucía; un grupo de albañiles se burlaron de su cabello largo y lo llamaron afeminado; otro taxista lo llamó "señorita",para después ofrecerle sus servicios diligentemente, totalmente confundido con su género. Raúl pensó en "hacérsela de tos" a este último-al fin este estaba solo, no como los albañiles que eran un chingo-, pero luego se dio cuenta que el tipo lo decía convencido de que ese amasijo de cabello bien cuidado, y el cuerpo flacucho enfundado en mezclilla ajustada y en una chamarra negra, era de verdad una "señorita".
-¿Ahora soy una especie de David Bowie, o un Boy George?, un andrógino extraterrestre que fue escupido a este lugar perdido- Eso ya fue demasiado para Raúl, quién se detuvo en una esquina a replantear su estrategia; en eso un grupo de ancianas que estaban en una pequeña tienda de esa esquina, se quejó de que últimamente venía mucha gente rara al puerto en busca de droga. No llevaba ni veinte minutos en esta pequeña ciudad y ya había sido señalado y repudiado, esto no podía ser buena señal.

Como si de verdad atravesara su via crusis personal, Raúl avanzaba penosamente por las hirvientes y polvorosas calles del puerto, a pleno sol del medio día.

Para Raúl, esa ciudad -si se le quiere llamar así- parecía un animal prehistórico gigante, viviente, que exudaba calor: era un lagarto tendido al sol en un pantano primigenio -y nosotros estábamos sobre el-; el puerto entonces, era lo innombrable, el castigo, el Leviatán –de escamas de cemento y polvo, que sudaba chapopote caliente-. Era como Godzilla; algún día ese supuesto "puerto" se revelaría como lo que realmente era:una tortuga gigante-¿Gamera, entonces?-, y no una inerte extensión de tierra.

Raúl sabía que debía avanzar, por inercia, hasta llegar a la avenida principal donde iniciaba la colonia petrolera, donde su tío Aquiles tenía una casa. A donde llegaría en calidad de "extra", despojado de la vida como la conocía. A trabajar para Pemex como recomendado. En un lugar extraño, donde el calor era insoportable y las jornadas de trabajo eran duras; pero donde Pemex pagaba bien por dichos servicios.

La tía Adriana resultó ser muy comprensiva y abierta. –“Ya veras que te vas a adaptar al calor muy pronto. Yo también extraño México*-el D.F.-. Sobré todo por mi familia, y las tiendas; aunque acá es más práctico y conveniente hacer el shoping en el otro lado –E.U-.

La habitación que le proporcionaron era un cuarto pequeño -pero al estar en la azotea tenía cierta independencia-. Y un gran ventilador de aspas coronaba el techo. Por cierto, el zumbido de ese ventilador encendido, también era hipnótico.

Pero el sonido que no lo dejaba dormir en esa primera y bochornosa noche en el puerto, era el ruido que venía de fuera: un incesante ruido de delgado metal siendo raspado contra el cemento. -"¿Quién haría eso a mitad de la noche?, ¿y por que? En este lugar hay cada loco. Debe ser por el calor".

* En la mayoría de la provincia mexicana se le denomina "México" a la capital de la República, el Distrito Federal

sábado, 21 de agosto de 2010

Canción del emigrante.


Venimos de la tierra del hielo y de la nieve.
Del sol de medianoche, cuando sopla como un viento caliente la primavera.
El martillo de los dioses guiara nuestras naves hacía una nueva tierra.
Para luchar contra hordas, cantando y llorando: ¡Valhalla, voy hacía ti!

...así que detente, y mejor ve reconstruyendo todas tus ruinas.


"Immigrant Song" de Led Zeppelin.